WELLNESS

10:28 PM Roberta W. P. F 0 Comments



Amo tomar fotos.
Amo que me tomen fotos.
Amo que me tomen fotos y que esas fotos salgan padres.
Pero cuando eso no sucede, cuando sale a relucir algún defecto, quizá no muy obvio, pero del cual yo soy consciente

 *LO INSIGNIFICANTE DEL 
DETALLE ES SIEMPRE 
PROPORCIONAL 
A MI SELF-CONSCIOUSNESS*

Todo se derrumba.

Y eso nos lleva, a que no saben lo nerviosa que estaba por las fotos del periódico.
Primero que nada quiero agradecerles todos sus comentarios, mensajes y felicitaciones, las aprecio más de lo que se imaginan.
Y por eso les quiero contar esta historia. 

La historia de cómo me inicié en este camino que llamamos wellness y encontré ese amor a mi misma que tanta falta me hacía.

Estas foto fueron un honor, un hito en mi corta carrera, un espaldarazo de personas que poco a poco me han visto crecer, y algo totalmente nuevo.

Siendo hija de una exmodelo y con la altura que me cargo, siempre surge la pregunta de si yo lo soy o pienso serlo (modelo).

La verdad es que modelé desde que era una bebé hasta los 12 años. Y ahí paré porque a los doce tenía la altura promedio de alguien de 14/16 y por ende, la ropa de mi edad ya no cuadraba con mi talla así que no me quedó de otra mas que dejarlo.

Hablando desde lo que he visto durante años en el espejo: 
Jamás he sido petite 

En lugar de heredar el ADN de modelo de mi madre AKA cuerpo perfecto (sí sí, el 90/60/90) sin dieta ni ejercicio, yo heredé el ADN Celta de mi señor padre que aparte medía 1.90, así que podemos decir que siempre fui “grande”

Pero bueno, regresando al relato…
Regresé al rollo de la moda hasta que cumplí 15, pero esta vez lo hice por medio de mi blog.
El sueño no era subirme a una pasarela, sino relatar lo que veía en ese mundo.
Inevitablemente, la pregunta volvió a surgir.

¿Quieres ser modelo?

Y empecé a considerarlo, porque sí, tengo la altura... pero viéndome al espejo al momento de hacerme esa pregunta, salieron poco a poco todos aquellos defectos que jamás me habían importado, o que jamás había notado realmente.

Estaba en plena adolescencia; en pleno cambio físico y emocional, descubriendo quién era y qué quería. 
A penas estaba forjando mi autoestima. 
Y así, aparte de empezar a aprender sobre historia de la moda, a diferenciar una bolsa fake de una real, a fijarme en calidad, en mensajes de la publicidad, a recordar colecciones y predecir tendencias, a combinar y que usar para sacarme el mayor provecho; también comencé a ver errores.

Sí, quizá era alta pero no era delgada como las modelos de las revistas que hojeaba tan ávida mente.  
En momentos incluso me sentí demasiado alta, fuera de muy caderona, muy piernona, sin busto... lo que se puedan imaginar.

 Me odié por ello

Cuando eso pasa, los que te aman, en afán de hacerte sentir bien y con la mejor intención, te dicen cosas justificando tu apariencia. 
Por ejemplo, te dicen que es tu complexión, que tienes esas proporciones por tu estatura, tu ADN o tus huesos anchos, pero a mi eso no me bastó.
Mi obsesión llegó a tal grado, que me comparaba con las niñas que veía en la escuela, centros comerciales, o caminando por la calle.
Automáticamente si veía a una niña incluso más alta que yo, pero hecha un palo, sufría. 

Me sentía mal conmigo misma.

*¿Por qué si es TAN ALTA como yo, yo no tengo ese thigh gap?
¿Por qué es TAN FLACA si esta comiendo una hamburguesa? 
Básicamente, ¿Por qué yo no me veo así, si ya argumenté de una y mil maneras el porque yo me veo así?*

Me compraba ropa de tallas más chicas para obligarme a hacer un esfuerzo y bajar de peso. 
O me compraba ropaoversized para taparme y jugar con las proporciones.

THE BIGGER THE SWEATER, 
THE SKINNIER THE LEGS

El otro día escuche en el radio un programa en el que una nutrióloga decía que cuando te sientes gordo, te sientas en la banca del partido de la vida. 
"Si no bajo de peso, no puedo comprarme ropa"
"Si no bajo de peso, no puedo usar bikini"

"Si tengo celulitis, no puedo usar una mini falda"

"Si tengo estrías debo taparlas"

En pocas palabras: "Si no soy perfecta, no puedo hacer nada" 
Y ojo, no estoy diciendo que no tomes en cuenta tus atributos y defectos para vestirte lo mejor posible, pero eso no significa que tengas que odiarte por ello.

Mi relación con la vida sana que trato de llevar ahora, se dio por un odio repentino a lo que veía en el espejo.
Tiempo después, hice un "Detox" con mi mamá.
Fuimos con una health coach que nos hizo un test de sangre y nos dijo que comida, de acuerdo con nuestra sangre nos costaba trabajo digerir.
Algo así como a que eramos intolerantes, porque no solo puedes ser intolerante a la lactosa, en mi caso a parte, soy intolerante al gluten, a los ejotes, a los arándanos, al café y a los chicharos.
Lo que significa que aunque anteriormente hubiera hecho una dieta con un nutriologo común, si este me mandaba medio yoghurt y verduras verdes AKA chicharos, jamás iba a bajar de peso. 
Pero bueno, el punto es que lo hice, y bajé muchísimo.

Mi porcentaje de grasa bajó el equivalente a 4 tallas en un par de meses y los pantalones de cuero que me había comprado como motivación, me quedaban perfectos.


MA-GIC

Pero ese tipo de felicidad dura poco, ¿Por qué?
Porque una vez que pruebas el éxito, te aterra que alguien llegue, te jale el tapete sobre el cual estás parado y todo se desmorone.


Mi psicosis llegó a tal grado, que yo seguía viendo lo mismo en el espejo: 

Demasiado por aquí, muy poco por allá, y el miligramo de grasa extra por acá... 

Les juro que si la dieta decía 8 almendras me comía 8 almendras.
Mi odio interno se proyectó en un miedo irracional a la comida, fuera la que fuera, incluso sana, porque "todo en exceso es malo" así que me volví una obsesa de las porciones, los horarios y los ingredientes. 
 Aunque muriera de hambre y todo mi cuerpo estuviera tenso de la ansiedad que me producía, yo no daba mi brazo a torcer. No comía snacks a deshoras ni le ponía medio gramo más de proteína al platillo.
Incluso llegó a pasarme que si estaba en una excursión y no había nada sano que comer, no comía o sobrevivía con raciones de manzanas y pepino.
No tenía cheat day, no comía lo que mis amigas comían y vivía en un eterno régimen al que me sometía yo solita. 
Era la típica que a la ensalada del restaurante le quitaba TODO.


"Tráigame lechuga con puras verduras al vapor y limón.
NADA de aderezo, croutons, semillas, sal o queso"

Cuando me pegaba el inevitable antojo, llegué al extremo de meterme un chocolate en la boca para saborearlo y después escupirlo, porque tragarlo era como pecado capital. 


Y justo después de eso, antes de dar el siguiente paso en la obsesión y caer en territorio peligroso, solté.

Algo dentro de mí se dió cuenta de que eso no podía continuar.

Aun pesando lo mínimo que he pesado en mi vida, con abdomen plano, me di cuenta de que mis caderas seguían iguales. Huesudas, pero iguales.
Incluso creo que con el ejercicio algunas áreas se ensancharon y ¿Saben qué? Lo acepté. 
Acepté que partes de mi cuerpo jamás iban a cambiar porque así era mi complexión. Acepté que el estilo de vida que llevaba era tóxico, que no podía seguir así y deje de compararme con cada mujer que pasaba a mi lado.

Internalicé la idea de que vida y cuerpo solo hay uno y que tengo la obligación de cuidarlo y respetarlo, porque tengo la suerte de poder pararme de la cama todos los días y hacer las cosas que me gustan.


Jamás creí que yo fuera a salir publicada en algún medio en bralette. 
Evitaba con todas mis fuerzas la ropa pegada y me costó años llegar a sentirme tan cómoda con mi cuerpo como para tomar la decisión de comprar un bikini.

Por eso esta sesión fue tan importante.
No solo porque fue todo un honor aparecer en el Periódico Reforma, sino porque es la primera vez que me siento completamente cómoda con mi cuerpo, al grado de poder llevar a cabo una sesión como esta. 

Aquí si me puse estricta 2 semanitas con ejercicio y dieta, pero lo hice con una meta y porque quise, no porque me lo impusiera.

Les comparto todo esto, porque cada uno de nosotros tiene sus demonios y sus inseguridades. 
Nuestro aspecto físico juega un papel importante en nuestro autoestima, y muchas veces cometemos el grave error de compararnos. 
Amo la moda, pero admito que no me gusta la parte en la que ese mundo de fantasía a veces impone estándares de belleza inhumanos (porque la mitad es producto del Photoshop), así como las redes sociales nos venden un mundo irreal perfectamente filtrado y curado para pintarnos la vida del protagonista de lo mas rosa.

No, las modelos en IG no solo comen hamburguesas y están así de flacas, solo que subir una foto en bikini comiendo ensalada no tiene el mismo impacto.

No, no todas las modelos están sanas. 
No, no todas las mujeres vamos a tener un thigh gap (please googleen eso, ya que es un fenómeno totalmente dependiente de la forma de tu cadera no tu indice de grasa)

Así que lo único que me gustaría decirles es que nunca dejen que una obsesión así los controle.
El momento en el que cualquier cosa te quita tu paz, ya no es sano.

Si quieren hacer un cambio sustancial en su vida, confíen en el proceso, comprométanse y rodeense de vibra positiva. 

Párense frente al espejo, observen, encuentren lo que aman y admirenlo.

Creo fielmente que la belleza no es una característica física, sino lo que te atrae de una persona: la intensidad de su mirada, su carisma, su sentido del humor o su sonrisa, pero si ves algo que te agrada en tus facciones, elogialo.

Me gusta la palabra WELLNESS porque creo que engloba perfecto el equilibrio entre salud fisica, mental y emocional.

Busquemos WELLNESS, no perfección. 

Besos, Roberta  



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