Esa vez que lloré en un probador...

12:00 AM Roberta W. P. F 0 Comments


¿Alguna vez han llorado en un probador?

Bueno, pues hace algunas semanas yo lloré en un probador.

Y la siguiente pregunta es ¿Por que? Bueno, pues por las razones por las que alguien lloraría en un probador.
Porque el vestido que te pruebas no te queda, porque te falta de arriba y te sobra de abajo, porque se ve bonito en el gancho pero en tu cuerpo simplemente no se ajusta y pareces tamal mal amarrado o por la frustración de que la famosa prenda no tiene el TAN BUSCADO factor jaw-dropper de WOOOOOOW (te queda el ojo cuadrado) que estas buscando.
Puede que yo sea demasiado auto-critica, pero estoy casi segura de que no soy la única que se ha sentido así alguna vez.

La fecha de mi graduación quedo establecida hace precisamente un año, y como buena Outfit Planner por gusto y herencia, me puse a buscar con mi mejor fashion advisor (mi madre) el vestido perfecto. La graduación se compone de 2 eventos importantes. Para el primero, la entrega de diplomas estábamos buscando algo diferente, cómodo, y sobre todo, con lo que pudiera subir fácilmente al escenario a recoger el famoso papel sin ningún accidente (como se ha visto en otros años cuando el vestido es demasiado corto) Y por otro lado, la fiesta de graduación, para muchas el lugar ideal para sacar a la princesa/estrella de cine interior y apostar por un vestido largo y styling de muerte.

La búsqueda empezó hace aproximadamente 10 meses de lo mas casual. Íbamos a cualquier tienda o centro comercial y después de comprar, ir al cine o lo que sea, pasábamos a darnos una vuelta a los departamentos de vestidos de noche para ver si de casualidad algo nos llamaba la atención.
Ahí empezó la desesperación que, con el tiempo, empezó a crecer como bola de nieve hasta explotar.

Como buena amante de la moda, estoy perfectamente consciente de la forma de mi cuerpo, lo que le queda y lo que no; sin embargo, como mujer latina a veces me gustaría no tener tanta curva.
Pero pues, no se le puede hacer nada a la genética y quitarme una costilla o lijarme la cadera no es algo que este en mis planes, así que no había de otra mas que descartar los vestidos que parecían prometedores, hasta encontrar uno que cumpliera con los requisitos y acentuara lo que debía ser acentuado nada más.

Me probé 22 vestidos seguidos y ninguno me causó ni la mas mínima emoción.
A parte de las horribles luces del probador que lo unico que hacen es resaltar hasta el más minimo defecto y el calor que tan maratónica tarea como aquella representa, me sentía incómoda con mi cuerpo y bastante desalentada; al grado de pensar que no había nada diseñado para las personas de mi altura y complexión.
Entre cambio y cambio, para que mi mama no se diera cuenta (una tarea en la que falle miserablemente porque mi estado de animo es transparente como el cristal) me metía al probador super rápido tratando de esconder mi frustración y secar una que otra traicionera lagrimita que hiciera mas evidente y vergonzosa la situación.

Pero al final, el destino puso uno en mi caminos... Sin embargo esa es otra historia.
ASí que no desesperen, les juro que sin andarlo buscando lo van a encontrat

Besos, Roberta



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